En la década de 1920, Faraday descubrió el principio de la inducción electromagnética, que posteriormente fue utilizado por los seres humanos para calentar metales. Se trata del horno de calentamiento por inducción.
Anteriormente, se creaba un ambiente de alta temperatura quemando combustibles fósiles y calentando el metal. De esta manera, el tratamiento térmico del metal tardaba mucho tiempo.
Calentar metales es la forma más sencilla de transformar su forma. El metal calentado puede procesarse en diversas formas y productos funcionales, y luego aplicarse en nuestra vida diaria.
La inducción electromagnética puede transmitir corriente alterna a la bobina de inducción, lo que genera un campo magnético en ella.
El campo magnético penetra directamente en el metal de la bobina, activando los electrones en su interior, logrando así un calentamiento rápido.
Utilizando este principio, se han inventado nuevos equipos que pueden fundir metales con mayor rapidez. Se trata del horno de inducción.
Cuando el horno de inducción calienta el metal, no necesita quemar combustibles fósiles tradicionales ni emite sustancias tóxicas. Todo el proceso de trabajo es limpio y libre de contaminación, lo cual contribuye enormemente a la protección del medio ambiente.
Y lo que es más importante, durante el funcionamiento del horno de inducción, no hay llamas abiertas ni ruido, lo que mejora considerablemente las condiciones laborales de los empleados y aumenta su seguridad.
Los hornos de inducción son muy populares en el mercado y se utilizan ampliamente en la fabricación industrial.
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La temperatura de calentamiento está entre 200 y 1400 grados.